No es sólo una crisis política, es moral

Es casi imposible que el ex estratega de Donald Trump, el recién renunciado Steve Bannon, y el New York Times coincidan en algo, pero lo cierto es que ambos, cada uno desde su perspectiva, han asumido un juicio lapidario: la administración Trump, como dijo Bannon, está acabada. El NYT publicó en su editorial que Estados Unidos es "una nación liderada por un príncipe de la discordia que parece divorciado de la decencia y del sentido común". Si la administración Trump ha sido hasta ahora lamentable en término de objetivos y logros, lo ocurrido en los últimos días luego de las manifestaciones de supremacistas y nazis en Virginia no deja lugar a dudas: el presidente Trump ha roto con los principios más elementales de un mandatario estadounidense, sea conservador o liberal: el principio de la búsqueda de la unidad nacional aunque sea en momentos forzada, incluso formal. No es ni siquiera un tipo prudente, como lo fue Ford ni tampoco un casi idealista como Carter. No tiene la capacidad de unir que tuvo en su momento Reagan ni la visión global de Bush padre. No es un hombre capaz de construir una agenda de largo plazo como Clinton y ni siquiera ha mostrado el respeto que tuvo Bush Jr. por la posición que ocupaba. Ese es el mayor pecado de Trump y lo que lo lleva, hoy, a vivir, apenas seis meses después de asumir el poder, por una crisis de la que difícilmente se podrá librar en el futuro. Quién sabe cómo concluirá la administración Trump pero probablemente el daño está hecho, la división interna de Estados Unidos se ha profundizado su rol en el mundo acotado. La propia reacción de Trump a los atentados en Barcelona lo demuestra: una respuesta burocrática es mejor que el silencio pero ésta no puede reemplazar una respuesta política de fondo, de solidaridad con una Europa de la que se ha distanciado inútilmente. Quedan, sin embargo, espacios importantes: la política de la administración, insistimos en ello, no es necesariamente la del presidente. México tiene en esa administración dos buenos interlocutores: el general John Kelly y el yerno del presidente Jared Kushner. El daño, insistimos, es moral: es la división, la capacidad de ahondar heridas, e incluso de arrojar sal sobre ellas, dentro de Estados Unidos pero también con sus aliados e incluso con sus adversarios. Ese es el verdadero peligro.

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No es sólo una crisis política, es moral

21-08-2017 Es casi imposible que el ex estratega de Donald Trump, el recién renunciado Steve Bannon, y el New York Times coincidan en algo, pero lo cierto es que ambos, cada uno desde su perspectiva, han asumido un juicio lapidario: la administración Trump, como dijo Bannon, está acabada. El NYT publicó en su editorial que Estados Unidos es "una nación liderada por un príncipe de la discordia que parece divorciado de la decencia y del sentido común". Para el matutino "la pregunta más profunda para los seguidores que le quedan no es política sino moralsi continuarán siguiendo a alguien que está alienando a la mayoría del país con su apoyo a los extremistas"

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