La pasarela de la liturgia

No hay secreto alguno que se pueda develar de una reunión del presidente y algunos de sus más cercanos colaboradores ante una treintena de periodistas. Lo de ayer en Los Pinos podríamos calificarlo como la pasarela que no fue pasarela pero que sí terminó siéndolo. El motivo de la convocatoria fue realizar un amplio repaso a las tareas de reconstrucción, de lo avanzado en ella y de lo aún pendiente, pero constituyó una oportunidad para que el presidente Peña pudiera dialogar con un amplio grupo de periodistas con agenda abierta y durante unas tres horas, sin cámaras, sin micrófonos, pero con el único límite que impone la política real. No fue la sucesión el tema más abordado por el presidente Peña Nieto pero sí, obviamente, donde más concentrado estaba el interés. Así se designará a uno de los cuatro hombres que estaban acompañando a Peña en la mesa: José Antonio Meade, Miguel Osorio Chong, Aurelio Nuño y José Narro. Esos cuatro hombres respetaron rigurosamente la liturgia en la reunión de ayer. Todos intervinieron abordando sólo sus respectivas responsabilidades, aunque fue mucho más evidente, en tiempos y hasta en el lenguaje corporal, la participación de José Antonio Meade, el único además que al inicio de la reunión, detrás del presidente Peña, saludó de mano a todos y cada uno de los invitados. Ya hablaremos de la reconstrucción, un trabajo notable, pero, por lo pronto, la pasarela no permitió entrever mucho más de lo que la liturgia permitía.

 

 

 

 

 

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La pasarela de la liturgia

18-10-2017 No hay secreto alguno que se pueda develar de una reunión del presidente y algunos de sus más cercanos colaboradores ante una treintena de periodistas. Lo de ayer en Los Pinos podríamos calificarlo como la pasarela que no fue pasarela pero que sí terminó siéndolo. El motivo de la convocatoria fue realizar un amplio repaso a las tareas de reconstrucción, de lo avanzado en ella y de lo aún pendiente, pero constituyó una oportunidad para que el presidente Peña pudiera dialogar con un amplio grupo de periodistas con agenda abierta y durante unas tres horas, sin cámaras, sin micrófonos, pero con el único límite que impone la política real.

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