Chiapas, una decisión clave

11-01-2018 A más tardar el próximo lunes 15 de enero los partidos tendrán que informar a la autoridad electoral en Chiapas sus métodos para elegir candidatos, y por ende, también si harán o no coalición electoral (en este sentido la fecha límite es el 23, el mismo día que inician las precampañas, pero si no se establece una coalición previamente no se puede definir el método). Chiapas es un estado decisivo para la coalición PRI-PVEM-PANAL. En los comicios del 2012 le dio a Peña Nieto casi un millón de votos, yendo juntos priistas y verdes. También le dio la gubernatura a Manuel Velasco.

 

            Pero las cosas han cambiado en seis años. Desde entonces los dos partidos que fueron coaligados a la elección se mantuvieron separados en el estado, incluso llegando a graves enfrentamientos por el control de distintos municipios. En Chiapas es el único lugar del país donde el Verde tiene mayor presencia que el PRI el que, además, tiene profundas divisiones internas. No es casual que José Antonio Meade haya decidido comenzar su precampaña en San Juan Chamula, en Chiapas, y que allí haya reivindicado la alianza del PRI con el Verde y también con Nueva Alianza (el factor magisterial es clave también en el estado). Pero resulta que el PRI y el Verde a nivel local están divididos, y cada uno tiene un candidato tácito que no puede y no quiere aliarse con el otro.

Durante siete años, encabezó el PRI en el estado Roberto Albores Gleason, hijo del ex gobernador Roberto Albores. Por el Verde el aspirante es el diputado Eduardo Ramírez Aguilar, colaborador cercano de Velasco, pero enfrentado radicalmente con Albores. Ninguno de los dos puede encabezar una alianza que incluya al otro.

Con esos candidatos verdes y priistas irían entonces por separado, lo que haría imposible que derrotaran a Morena que llevará como candidato a otro cercano colaborar de Velasco, el presidente del tribunal de justicia Rutilio Escandón (no se sabe si habrá Frente PAN-PRD en Chiapas pero allí es una fuerza menor). Del millón de votos que la coalición le dio a Peña en el 2012, yendo separados verdes y priístas no tendrían más que unos pocos cientos de miles de votos, perderían la gubernatura, la elección presidencial en el ámbito local y buena parte de los municipios: todo ello quedaría en manos de Morena.

            Chiapas debe ir con una coalición PRI-Verde-Nueva Alianza y ni Albores ni Ramírez pueden alcanzarla. La única opción de llegar a ese acuerdo es el senador Luis Armando Melgar, que tiene suficientes amarres en los tres partidos, en el estado, a nivel federal y en el senado como para cristalizar ese acuerdo y que los tres partidos puedan competir juntos en el estado y juntos respaldar la candidatura de Meade.

¿Por qué Melgar? Porque es el candidato que no está marcado por un legado político familiar ambiguo ni por rumores personales o familiares. Porque tiene una trayectoria política propia pero también una carrera relacionada con la empresa privada en un momento en el que desarrollar Chiapas y lograr que se invierta en ella es clave (el año pasado mientras el centro del país: CDMX, Querétaro, Guanajuato, Aguascalientes, crecieron en promedio un 3 por ciento, Chiapas decreció un 0.3 por ciento y sin una agresiva política de apertura a empresas y capital privado proyectos como las zonas económicas especiales o el turismo no tendrán futuro). Por eso mismo, es el único de los candidatos no sólo entre priistas, verdes y aliancistas locales (recordemos que el candidato de Morena también proviene de la administración actual) que puede ser visto como un factor disruptor y transformador en el estado.

Melgar ha sido secretario de planificación y desarrollo en el estado, funcionario de la secretaría de Economía a nivel federal, es senador, fue director de una Afore, director de un canal de televisión, estudió en México y en el extranjero. Nació en Chiapas, su padre fue un notable dirigente local del PRI, también senador, y se ha mantenido toda su vida ligado al estado. No es un turista electoral como dicen quienes quieren descalificarlo. Lleva siete años trabajando intensamente primero para ganar su senaduría y luego para obtener la candidatura a gobernador. La diferencia es que con años de trabajo en la entidad no ha entrada en las grillas internas, pequeñas, mezquinas que muchas veces, la mayoría, atenazan la política local. ¿Es mi amigo? Por supuesto, y desde hace más de dos décadas.

 Pero más allá de eso es el único aspirante del oficialismo que puede garantizar que el PRI, el Verde y Nueva Alianza vayan unidos en Chiapas y que desde allí respalden la candidatura de Meade. Si no es así, si el Verde y el PRI van por separado en el estado, la elección será un formalismo: no tendrán forma de evitar el triunfo de Morena y dañarán de forma notable las posibilidades de Meade en el ámbito federal.

Lozano con Meade

Mientras Miguel Osorio inicia su ruta hacia el senado, el senador Javier Lozano inició también su propio camino: renunció el martes al PAN y ayer se incorporó al equipo de Meade como vicecoordinador de mensaje y será uno de sus voceros. Es el primero de muchos que seguirán ese camino.